Tal vez el ruido no te permita leer…

jueves 13 de agosto de 2009

Los llamaban "el grupo de riesgo"; estaba compuesto por todos aquellos humanos considerados mayores, embarazadas, enfermos crónicos, inmunosuprimidos y niños y adolescentes con largos tratamientos con ácido acetilsalicílico, más comúnmente conocido como aspirina. La lista era demasiado larga y en ella se encontraban personas de todos los continentes. A este grupo había que añadir por desgracia todos aquellos que por su situación económica, sanitaria o cultural no podrían tener acceso a los medicamentos necesarios para parar tal pandemia, o, sencillamente, que acudían inmediatamente a algún tipo de chamán o curandero que les envenenaba la mente para detener su enfermedad en su espíritu pero jamás en su organismo. El total de futuros afectados ascendía a millones, y las compañías farmacéuticas aguardaban para poner en venta la vacuna sólo cuando tuvieran el visto bueno de "la orden", cosa que únicamente sucedería una vez eliminados al completo todos los que formaban "el grupo de riesgo". Los gobernantes y empresarios de compañías de seguros se frotaban las manos al comprobar el ahorro que se alcanzaría sin todos esos enfermos y la posibilidad de reducir considerablemente la población y el índice de natalidad.

Leopold era un niño obligado a mendigar y robar por las calles de Ginebra. Huérfano de madre, su padre era un alcohólico empedernido que recorría las mesas y estanterías de su casa en búsqueda de restos de briks de vino y latas de cerveza. Su próximo objetivo era un hombre trajeado que se dirigía a la Plaza de las naciones en dirección a la sede de la OMS. Llevaba un maletín en su mano derecha y caminaba a paso ligero. Su rostro delataba un aire de grandeza y su enorme barriga era señal de la buena vida de burgués que disfrutaba. Justo antes de que entrara en el edificio se abalanzó sobre el hombre arrebatándole el maletín y corriendo lo más rápido que pudo. Nadie conocía mejor que él las calles de la ciudad para poder escaparse de sus víctimas. Sólo alcanzó a ver a cuatro hombres que le siguieron hasta la esquina; ahora se encontraba en la plaza Plainpalais en la cual, como cáda miércoles, se instalaba el mercadillo y la multitud se detenía en cada puesto. Ningún lugar mejor para pasar desapercibido. Entonces se dispuso a abrir el maletín; en su interior pudo observar un cuadernillo de color azul. En su portada la estrella de David y una esvástica a su lado. Más abajo se podía leer: INFORME DEL VIRUS H1N1, "fase 10 - aniquilación "grupo de riesgo", recuperación crisis financiera".

lunes 10 de agosto de 2009

Ahí estaba, cilíndrico, perfecto, como observándote, conocedor de tu adicción por él. Tú lo contemplabas, sedienta de su sabor; deseabas tenerlo entre tus labios, una vez más, como con tantos otros, succionarlo y devolverlo a tus dedos para ponerlo de nuevo en tu boca. Intentaste en vano dejarlo en varias ocasiones, pero no pudiste, te gustaba demasiado, poseerlo, siempre. Todo hombre te conoció del mismo modo. Tu boca siempre estaba ocupada, perdida, como si éstos tuvieran algún efecto adictivo que bloquearan tus neuronas. No había cosa que te gustara más, saborearlo, metértelo una y otra vez en la boca, succionarlo repetidamente, jugar con él con tus dedos, y tal vez lo que más placer te daba, tragarte todo lo que salía de él. Cinco o seis minutos duraba el acto, siempre acababa del mismo modo, apagándolo en el cenicero para encenderte otro más, fumadora empedernida desde primera hora del día hasta la noche.

miércoles 5 de agosto de 2009

La fugacidad de la belleza le obliga a romper cada espejo que pueda recordarle su edad, su imagen, el progresivo aparecer de las arrugas en su piel, un cutis ya no tan fino, un gesto ya no tan dulce; se imagina desde hace tiempo, ya no se observa reflejado. Todo prosigue con su naturaleza temporal, cada día, la misma mujer al despertar, la misma ventana con el mismo paisaje, la calle, el café donde se toma cada mañana un café, el mismo camino a su casa. La máquina de escribir reproduce el sonido exacto a cada letra, el folio se acaba de nuevo en el mismo lugar que el anterior y uno nuevo comienza desde el mismo punto que la página antes escrita; la silla en la misma posición, al igual que la lámpara, al igual que él escribiendo sobre su escritorio, del mismo color que ayer, que la semana anterior, que el día en que fue comprado, tal vez con algo más de nicotina, tal vez con algo más de polvo, pero el mismo color caoba. El mismo libro, ni una página más ni una menos, pues cada una que se ha escrito se relee, se corrige, se escribe de nuevo a máquina y se vuelve a arrugar para llenar algo más un suelo de papel arrugado. Se levanta como cada día, desesperado en la palabra exacta que no llega, en el verbo preciso que no actúa, en aquel personaje que nunca existió y que, sin embargo, tanto le llena su vida. Se intenta ver reflejado; el tiempo, que pasa, el pelo canoso que ya no es cana y es blanco, el tiempo perdido de cada palabra que nunca fue escrita. Y de nuevo envejece, a cada día, a cada hoja escrita para ser arrugada, como su piel con los años, y llora ante la angustia de saber que morirá escribiendo sin haber escrito nada.

domingo 2 de agosto de 2009

Éste es el instante preciso de la mente en el cual ésta se detiene en la indivisibilidad del cuerpo y la persona, entendiendo por "cuerpo" los atributos físicos, y por "persona" aquellas características que definen el carácter y la conducta moral o amoral del individuo. Como es lógico, no podemos hablar de ninguna persona sin parte de "persona", sin poder quedarnos únicamente con su parte "cuerpo". Es esa necesidad de taparle la boca con precinto para que no hable y darle alguna especie de hachazo en la cabeza para que no piense. Entonces, cuando ya tenemos separada la "persona" del "cuerpo", es decir, hemos anulado su cualidad de "persona", entonces y sólo entonces podemos metérsela a alguien como tú, sin que hable, sin que piense, sin que respire; qué gusto.

sábado 1 de agosto de 2009

Tamaños

Si hablamos de grande o pequeño nos referimos, evidentemente, a adjetivos que llevan consigo, por suerte o por desgracia, la subjetividad de quien los utiliza y, por otro lado, un segundo elemento con el cual comparar lo que observamos, pues pocas cosas son grandes o pequeñas en sí mismas. Si el lector aún no consigue dilucidar el lugar común de esta elucubración, o como se le ha llamado siempre, "paja mental", le presentamos de nuevo el título "Tamaños" y un subtítulo como ayuda "de pollas".

Tal vez no se aprecie en la opinión popular la relevancia del tamaño de nuestros miembros, pero lo cierto es que en el interior de cada uno de nosotros, aunque lo neguemos, sí que importa, y en ocasiones demasiado. Si hablamos de pollas hablamos necesariamente de comparaciones; pero quién debe realizar dicha comparación o está capacitado para hacerlo es nuestra duda. Si es un hombre quedará sospechosamente entendido como un homosexual, o bien como un falso, hipócrita y engreído que presume de lo que carece. Si por el contrario es una mujer quien realiza la comparativa encontraremos tal vez más peros. Puede que ella no haya visto ninguna antes, de modo que su valoración sobre el tamaño poco importaría; sin embargo, si se dispone a compararla con otras, a uno le apresará el horroroso sentimiento de unos celos mezclados con ese machito infantil que aparece de vez en cuando; pensar que ella ha observado otras pollas, que las ha acariciado, que las ha…mejor obviarlo. Esta comparación nos desesperará sin lugar a duda, y más aún si su veredicto final es que la tenemos más pequeña que otro. De este modo sólo nos quedan las estadísticas para comparativas. Hace un tiempo leí en la revista Cosmopolitan – ¿qué haría yo leyendo esta revista? – que la media nacional es de 13 centímetros en estado de erección. Lo cierto es que tal artículo fue un consuelo, aunque de poco nos serviría, pues teniéndola más pequeña mejor sería esconderla y siendo más grande sólo estaríamos por encima de la tristísima media nacional.

En definitiva, tu polla será siempre más grande que cuando eras bebé y más pequeña que la de cualquier negro, de modo que sé prudente y no te cases con una negra pues correrás el riesgo de que tu hijo la tenga más grande que su padre.

miércoles 1 de julio de 2009

Se había perdido una vez más. Un sendero mal indicado le obligaba a seguir tres horas más hacia delante para luego tener que retroceder; ahora sería objeto de burla por sus compañeros al regresar al campamento y, sin embargo, no le importaba. Un total de seis horas de retraso significaban demasiado tiempo más sin reponer agua en las cantimploras, y las reservas escaseaban a una temperatura de 38ºC. Entonces, recordó aquella clase de biología, en la cual la simpática maestra explicaba que la orina contenía aún parte de los nutrientes del agua que el cuerpo había decidido expulsar. Y sin más, obligó a sus compañeros a orinar en el interior de sus cantimploras y así tener qué beber.

Casi siete horas más tarde los jóvenes se abalanzaban sobre la fuente. Ninguno se quejó de sed durante el camino, ninguno bebió de su propio meado. Curioso el instinto humano vencido por el asco.

sábado 20 de junio de 2009

Apagó el televisor, se sentó en el sofá y acto seguido decidió morir, dejando de latir su corazón al instante, sin veneno, sin enfermedad…tan solo con una tristeza atroz que le ahogaba a cada instante. Al fin, tras un año de malas noticias, había llegado a los medios de comunicación un titular que no le hacía llorar: "Obama había matado a una mosca." Y si esto era lo bueno, mejor no seguir viviendo.

miércoles 17 de junio de 2009

Tras unas largas vacaciones regresaba de la nada, donde las palabras permanecían silenciadas por temor a que las callasen vientos de otro tiempo; renegaba de su condición de escriba para ceder sus versos a los niños, incapaces de entender lo que soñaba. Se había hecho grande y, sin embargo, se sentía más pequeño, minúsculo en un mundo que mantenía vivas a sus presas con la sencilla condición de devorar a quien se tuviera al alcance, pobres, parados, hipotecando hasta sus médulas cancerígenas por no morir un día antes. Un regreso inesperado, pues había permanecido en silencio varias semanas, pero volvía con el único propósito de devorar tan solo los ojos de sus lectores, aburridos cibernéticos que preferían pasearse por su blog en vez de contemplar las maravillas del National Geographic modificadas por Photoshop, benditas hipocresías de unos lectores incapaces de sujetar un libro pero ávidos seguidores de sus puntos parpadeantes en el mapa de esta página.

viernes 22 de mayo de 2009

Abandoné las letras por un mes, los versos, las palabras; quedaron los libros muertos, tirados sobre el suelo, sin ordenar, sin poner la fecha siquiera, ahí en el cuarto; y una mano me empujaba hacia el cuaderno, una moleskine llena de polvo, la pluma sin tinta, la mente sin llanto; y entonces, desde la nada, desde el silencio más absoluto, algo dijo que prendiera el televisor y escuchara las noticias. Y ahora sí, llegó el llanto, desgarrando el silencio un grito, negando la evidencia, la verdad más absoluta, la muerte del verso que no dejaba respirar; olvidado en una estantería, Mario, sin leerte, sin recordar al menos un poema tuyo, una palabra, un canto de tantos a la libertad y al amor. Te escucho de nuevo en la estrofa, te leo en el silencio de quien te pierde y nunca te tuvo, y ruego el perdón del lector, olvidado por mí, al igual que yo olvidé leerte, para brindar ahora al recuerdo de tu memoria los versos que me enamoraron de ti.

lunes 27 de abril de 2009

El pánico había llegado a la ciudad. Los rostros de la gente indicaban el más absoluto pavor. El peor virus imaginable había alcanzado a la totalidad de la población y, sin ningún tipo de cuarentena, se extendía más allá de las fronteras; mientras, los gobernantes de uno y otro lado lado del planeta se frotaban las manos felicitándose entre sí por la unánime decisión, sabiendo que el producto resultante era, como mínimo, el control absoluto de la libertad de pensamiento, no por una imposición, sino más bien, por imposibilitar cualquier razonamiento tras el fatídico control de los medios de comunicación que se podría hacer desde ahora. La democracia había muerto y con ella todos los órganos gubernamentales que sostenían el futuro de la humanidad. Como consecuencia de la escasez de árboles y el deterioro irremediable del Amazonas, se había aprobado por Decreto Ley la extinción total del papel y de su uso, eliminando toda obra escrita para que las futuras generaciones no tuviesen conocimiento de la existencia de éste como medio artístico, de comunicación, etc. La literatura, la obra escrita, había llegado a su fin, corriendo todo escritor a crear un blog para poder seguir creando.