Los llamaban "el grupo de riesgo"; estaba compuesto por todos aquellos humanos considerados mayores, embarazadas, enfermos crónicos, inmunosuprimidos y niños y adolescentes con largos tratamientos con ácido acetilsalicílico, más comúnmente conocido como aspirina. La lista era demasiado larga y en ella se encontraban personas de todos los continentes. A este grupo había que añadir por desgracia todos aquellos que por su situación económica, sanitaria o cultural no podrían tener acceso a los medicamentos necesarios para parar tal pandemia, o, sencillamente, que acudían inmediatamente a algún tipo de chamán o curandero que les envenenaba la mente para detener su enfermedad en su espíritu pero jamás en su organismo. El total de futuros afectados ascendía a millones, y las compañías farmacéuticas aguardaban para poner en venta la vacuna sólo cuando tuvieran el visto bueno de "la orden", cosa que únicamente sucedería una vez eliminados al completo todos los que formaban "el grupo de riesgo". Los gobernantes y empresarios de compañías de seguros se frotaban las manos al comprobar el ahorro que se alcanzaría sin todos esos enfermos y la posibilidad de reducir considerablemente la población y el índice de natalidad.
Leopold era un niño obligado a mendigar y robar por las calles de Ginebra. Huérfano de madre, su padre era un alcohólico empedernido que recorría las mesas y estanterías de su casa en búsqueda de restos de briks de vino y latas de cerveza. Su próximo objetivo era un hombre trajeado que se dirigía a la Plaza de las naciones en dirección a la sede de la OMS. Llevaba un maletín en su mano derecha y caminaba a paso ligero. Su rostro delataba un aire de grandeza y su enorme barriga era señal de la buena vida de burgués que disfrutaba. Justo antes de que entrara en el edificio se abalanzó sobre el hombre arrebatándole el maletín y corriendo lo más rápido que pudo. Nadie conocía mejor que él las calles de la ciudad para poder escaparse de sus víctimas. Sólo alcanzó a ver a cuatro hombres que le siguieron hasta la esquina; ahora se encontraba en la plaza Plainpalais en la cual, como cáda miércoles, se instalaba el mercadillo y la multitud se detenía en cada puesto. Ningún lugar mejor para pasar desapercibido. Entonces se dispuso a abrir el maletín; en su interior pudo observar un cuadernillo de color azul. En su portada la estrella de David y una esvástica a su lado. Más abajo se podía leer: INFORME DEL VIRUS H1N1, "fase 10 - aniquilación "grupo de riesgo", recuperación crisis financiera".
Unas líneas bastan.
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*A*ntes de arrojar mi cuerpo a la estirpe de la noche, antes de que mis
sueños se apoderen de las raíces que atraviesan la noche, dejo escritas
estas línea...
Hace 7 horas












